martes 7 de agosto de 2007

DISCAPACIDAD y Orgullo


Ríe cuando escucha palabras salidas de tono. Sin duda alguna comprende que no son de buena educación. Se antoja de diferentes comidas, saborea y limpia con su lengua sus labios y la piel que los rodea. Quizá una servilleta sería lo ideal, pero para qué si lo disfruta. Conoce con toda precisión el piso de su casa - incluso ha decidido dormir en la planta alta- pero fuera de la misma cada paso puede ser un peligro.

Juega sin contemplación armando rompecabezas, le encanta que le pinten las uñas y tiene como ídolo a un jugador de fútbol de primera división, conservándolo en un cuaderno con las fotos publicadas en los periódicos. Hace 37 años estando en el vientre, a su madre le diagnosticaron “descalcificación”. De ahí que nació como una niña “especial”. Su desarrollo no fue el normal de todo niño, alta, delgada, de pelo corto, estrabismo, lentes y mandíbula pronunciada. Es bella para quienes está en su corazón, quizá no para el resto de la gente.

Tomada de mi brazo, vamos por un “city tour” en las principales avenidas de la capital, visitando monumentos, el parque y tiendas. Una foto de recuerdo aquí y la otra allá. Callada al principio, luego toma confianza y empieza a hablar. La gente la mira, un niño gira su cabeza y frunce el seño al verla, la elegante señora intenta disfrazar su mirada pero no lo consigue. Cada mirada es una expresión y una reacción diferente. Unos más prudentes o sin disimulo alguno.

Aunque no es a mí a quien miran, al principio acepto todas las miradas como propias. Me invade un repentino sentimiento de incomodidad y de pronto empiezo a notar cuantos individuos más transitan con otros problemas físicos. No somos los únicos pensé. Pero no se trataba de equilibrarme con la sociedad. Conforme pasan los minutos, empiezo a relajarme. Cada vez me siento más cómodo. Sería mi orgullo que se acobardó, de sentirme una persona normal y caminar de pronto con alguien con discapacidad?

Una deliciosa hamburguesa de pollo es su opción de almuerzo y aunque la come por partes, la disfruta por completo. De nuevo al hogar, donde puede caminar con toda seguridad. Ella ha disfrutado el paseo y estoy seguro que los únicos recuerdos que guardará serán los que felices pasamos. Ya no necesitará más mi brazo para sentirse segura. Necesitaré yo el de ella para sentirme seguro de mí mismo? De que soy una persona normal al que no tiene que mirar la gente? Pero…y qué tan normal soy?
Gracias “Tita” por darme una gran enseñanza: HUMILDAD EN MI CORAZON!

5 comentarios:

Bree dijo...

Sin duda...la gente sin querer suelen ser muy "dañinas"...me ha encantado el post...es precioso...

Runas dijo...

Siempre he pensado que aquellos a los que la sociedad no los incluyen como "normales", tienen algo especial que nos hace sentir mejor personas, y que hacen que nos enganchemos a su forma de ver la vida.

Mira yo tambien te he regalado parte de mi vida, dedicando un poco de mi tiempo a leerte y hacerte este comentario. Un beso

k@pousk¡ dijo...

"Es bella para quienes está en su corazón, quizá no para el resto de la gente".

Sí es cierto, tengo una hermanita especial y pude sentir con tu historia lo que vivo dia a dia..Mi hermana es fantastica y quisieran muchas personas incluyendome tener un poco de esa mirada limpia y de es Valor que los caracteriza.

Gracias Capricornio.

Luces del Interior dijo...

Osea...casi lloré leyendo esto!!! me encantó!

Capricornio dijo...

Gracias Bree, somos por naturaleza inconciente dañinos al no sabernos medir en las palabras y actos para con otros "especiales" ó no.

Sí Runas, ellos tienen algo mágico, la inocencia pura. Es cuestión de aprender a apreciarla.

Que bueno tenerte aquí Kapouski, te dejé un abrazo y otro para tu hermana too en tu blog!

Luces: Sabía que te iba a gustar! Eres sensible cuando debes serlo.